
Miniatura contemporánea persa. Cortesía de Sadegh Tabrizi
Todo ser humano a lo
largo de su vida experimenta amistad y cariño hacia otros. La amistad de los
seres humanos, dependiendo de su intensidad, cualidad y limitaciones, puede
dividirse en tres grupos:
La primera forma de
amistad es la basada sobre las relaciones sociales, por la que dos personas
fundan una relación sobre el principio:
Yo vivo mi propia vida y tú vives la tuya, somos amigos pero no tenemos
ninguna expectativa el uno respecto al otro.
Ejemplo de este grupo
de amistades es la de la gente de la calle y, en general, todas las amistades
corrientes son de esta naturaleza.
La segunda forma de
amistad es aquella que posee una base más sólida; una amistad que normalmente
experimentan quienes comparten una vida común y que puede ser resumida en éste
principio:
Yo vivo para ti y tú vives para mí y, por el amor que sentimos
mutuamente, esperamos cariño y dedicación el uno del otro.
Esta forma de querer
abarca las amistades profundas, los sentimientos existentes en el seno de una familia
unida y las relaciones matrimoniales. En realidad, este tipo de amistad es una
forma de intercambio emocional.
La tercera forma de
amistad es la amistad amorosa, la cual transciende todas las amistades
convencionales basadas sobre las expectativas recíprocas y que puede ser
resumida en estas palabras:
Yo vivo para ti, tú vive para quien tú desees, te amo sin tener
expectativa alguna de ti, todo lo que tú deseas, yo lo deseo.
Esta forma de amistad
esta basada sobre el amor y el cariño. La devoción del sufí hacia Dios y hacia
el maestro de la Senda debe ser de esta naturaleza para que de sus frutos. Esta
forma de amistad no depende de ningún condicionamiento. El sufí ante el Amado
dice: "Lejos de todo deseo propio, estoy contento con lo que te agrade a
Ti, Te amo sin pensar en la recompensa."
Por eso el amor de los
sufíes hacia Dios esta libre de toda expectativa de recompensa y lejos de todo
temor del castigo, pues ellos están vacíos de todo deseo y demanda. El amor de
los sufíes requiere amar tanto la bondad de Dios como Su cólera, Su rigor como
Su fidelidad.
Sólo un pequeño número
de los sufíes en la Senda del amor ha alcanzado un lugar en el que se han
aniquilado en el Bienamado. Refiriéndose a éste grupo Rumi escribe:
Todo es el Amado;
el enamorado, sólo un velo.
Vivo es el Amado;
el enamorado sólo un muerto.
Sí, el ejemplo más
elevado de la amistad entre los seres humanos es como aman los sufíes y, sin
embargo, ¡qué pena que no todos puedan experimentar este gozo, pues sólo los
elegidos de cada era logran alcanzarlo!
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