Miniatura persa: Pareja de elefantes, s. XII
El
ojo de los sentidos se asemeja a la palma de la mano,
pero
la palma de la mano no puede abarcar al Todo.
El
ojo del mar es una cosa y, la palma de
la mano, otra,
deja
la palma y mira al mar con los ojos del mar.
Rumi
El relato del «elefante en el establo» que todos más o menos
conocemos por haberlo oído o leído, es una de las famosas historias del Masnawi, la obra maestra de Rumi. En este cuento existen aspectos muy sutiles relativos a la gnosis y a al psicoterapia que analizaremos después de contar brevemente la historia.
El relato cuenta que un grupo de hindúes cuidadores
de elefantes llega a un pueblo, cuya gente nunca había visto un elefante. Era
de noche y lo dejan en un establo sin luz. La gente, con una curiosidad que les
impide esperar hasta la mañana, decide ir, en la oscuridad de la noche y sin
luz alguna, al establo para conocer al elefante.
Para verlo, un grupo de
personas
se fue, en la oscuridad de la
noche, hacia allí.
Sin embargo, como no eran capaces de ver en la
oscuridad al elefante, decidieron analizarlo con el sentido del tacto. De ahí
que cada uno, tocándole con la mano, intentara percibir y conocer al elefante.
El resultado fue que cada uno lo percibió de una forma diferente. El que había
tocado con la palma de su mano la trompa del elefante, decía que el elefante
era como un tubo. El que había tocado las orejas del elefante, lo imaginaba
como un abanico. El que había tocado la espalda del elefante, decía que se
asemejaba a un diván. El que había tocado la pata del elefante, decía que era
como una columna, etc… De modo que cada uno tocó una parte del elefante y,
según su propia percepción parcial, definió al elefante.
Rumi constata que si cada uno de ello hubiera
llevado una vela en la mano, sus definiciones sobre la forma del elefante no
habrían sido tan diferentes. Ya que habrían visto al animal en su totalidad.
Si en la palma de la mano de
cada uno hubiera una vela,
la diversidad desaparecería de
sus palabras.
Este relato de Rumi, desde el punto de vista de lo
que hoy se conoce como «la escuela de la Gestalt», revela un punto profundo que
paso a explicar brevemente.
En términos de «psicoterapia Gestalt», lo que Rumi
intenta explicar, de una forma figurada, en este relato es que: «El “todo” está
más allá de la composición de sus “partes”». En otras palabras, con la
composición de las «partes» de un «todo», no se puede lograr el conocimiento de
este «todo». Es decir, incluso si esa gente hubiera reunido los resultados de
sus percepciones táctiles, no habrían sido capaces de descubrir como era en
realidad el elefante, y, por ello, el resultado de esta composición hubiera
seguido siendo algo defectuoso. Dicho de otra forma, alguien que reuniera, sea
de la forma que sea, lo que esta gente ha percibido a través de su facultad del
tacto, siguirá sin poder saber como es un elefante, ya que el hecho de juntar
definiciones tales como «algo parecido a un abanico», «algo parecido a un
diván», «algo parecido a un tubo», etc., nunca conduce a la definición
verdadera de un elefante.
Este concepto de que la percepción de un «todo» no
puede ser percibido mediante el análisis de las «partes» que lo constituyen,
fue demostrado por los psicólogos de la Gestalt, a principios del siglo XX,
mediante diferentes demostraciones. Por ejemplo, la imagen que figura aquí
debajo es percibida como un cuadrado, pero, esta percepción no puede ser
analizada mediante la percepción de los cuatro círculos que la forman. Ya que
en lugar de estos círculos podríamos utilizar líneas u otras formas
geométricas, sin que el resultado de nuestra percepción [es decir, la forma de
un cuadrado] variara.
. .
. .
Este fenómeno también es cierto en cuanto a la
facultad auditiva del ser humano. Por ejemplo, si tocamos una pieza musical una
vez en un determinado tono musical y otra vez en otro tono diferente,
seguiremos percibiendo la misma melodía, aunque son diferentes las notas que
forman estas dos partituras.
Ahora bien, lo que deduce Rumi al final de su relato
es que los sentidos externos del ser humano se asemejan a la palma de la mano
de la gente que tocó al elefante. Es decir, los sentidos externos no son
capaces de percibir las cosas en su totalidad, y de ahí que la percepción de
las cosas por el ser humano, sea una percepción defectuosa. Rumi insiste en que
el hombre debe encontrar ojos [interiores] capaces de percibir el mar [de las
realidades] y las cosas en su totalidad, abandonando su percepción externa.
Rumi, en otras partes de su Masnawi, expresa,
bajo el molde de diferentes simbolismos y alegorías, el tema y el resultado de
este mismo relato. Por ejemplo, en un lugar dice que las olas del mar están,
día y noche, en continua renovación y movimiento, las vemos, pero no somos
capaces de ver el mismo mar:
El movimiento de las olas,
día y noche, viene del mar,
tú ves las olas, pero, ¡qué
extraño!
no ves
el mar.
En otro pasaje compara a las personas con unos
barcos que, por su ceguera, continuamente chocan entre sí a pesar de estar
flotando sobre un mar de luz:
Nosotros somos como barcos
que chocan entre sí.
Tenemos los ojos ciegos, aunque
flotamos sobre un mar de Luz.
Y en otra parte dice que somos como una planta,
atada inmóvil a la tierra. Sin duda, algunas veces el viento mueve nuestra
cabeza, pero no tenemos pies para salirnos de la tierra:
Como una planta,
estás atado a la tierra,
sólo mueves tu cabeza con el
viento.
Si nuestro alimento viene de Dios [y no de la
tierra, como el del árbol], nos volvemos poderosos y capaces de salir del lodo
para penetrar en la atmósfera del corazón, nos libramos del lodo para volver al
reino del corazón. Como el bebé que se alimenta del pecho de su madre, y como
el árbol que se alimenta de la tierra, debemos alimentarnos de «la Fuerza de
los corazones», para que se ilumine nuestra alma y contemplemos lo oculto, más
allá de cualquier velo.
Desde el punto de vista de la gnosis, la vela se
refiere a la luz dada por la dirección de un maestro perfecto, capaz de cerrar
los ojos de la visión parcial en su discípulo y abrir en él los de la visión
absoluta, o total. En otras palabras, cierra los ojos que le hacen verse a sí
mismo, para que contemple, con los de Dios, al mismo Dios. O cierra los ojos de
los sentidos del sufí para que, con los ojos de su corazón, vea a la Realidad
tal como realmente es.
Al final, debo recordar también que los ojos de
aquel corazón manchado por los deseos y las pasiones del nafs (ego), no
son capaces de ver a la Realidad. Sólo lo puede un corazón purificado a través
de la pureza y la fuerza del amor y dominado por el espíritu.
Por ello escribe Rumi al final de su relato:
Cierra tus labios y podrás oír
del que posee el Aliento,
todo lo que no cabe
ni en palabras ni en definiciones.
Cierra tus labios y podrás oír
del Sol lo que no viene
ni en libros ni en discursos.
Cierra tus
labios y hablará
el Espíritu por ti.
Únete a los amigos en el arca de
Noé.
Los sufíes contemplan con los ojos del corazón a la
Realidad de la Unidad del Ser oculta en todas las criaturas bajo diferentes
vestiduras. Y dicen:
Mire lo que mire,
en todo veo Tu semblante.
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