Que es sufismo Dr. Nurbakhsh Obra socio-sanitaria Libros Revista Centros Tablero Sufi Tienda
 

Revista Sufí / Número 6 Versión para imprimir

 

Vino añejo en odres nuevos
Historia adaptada del Memorial de los amigos de Dios
'Attār

Bāyazid y el escéptico

Miniatura del libro de los Reyes. Irán, s. XVII

Un erudito, vecino de Bāyazid, no podía soportar la veneración y el respeto que la gente demostraba hacia este anciano sufí. El hombre, seguro de su alto nivel de conocimiento y de la claridad de su mente, decidió poner a prueba al maestro para demostrar a la gente la falsedad de los estados que le atribuían.

Fue pues a ver al maestro y, sabiendo que cualquier respuesta era una trampa en la que uno se quedaba atrapado, le dijo:

“Vengo para que contestes a esta pregunta: si Dios es capaz de hacer todo cuanto desea, ¿sería también capaz de crear una piedra tan inmensa que ni siquiera Él mismo fuera capaz de levantarla?”

Bāyazid, consciente de la mala fe del hombre, le contestó con una respuesta que no era la que el hombre esperaba:

“En el monte M… hay una cueva. En esa cueva vive un amigo mío. Él te ofrecerá la respuesta que buscas.”

“Bueno -dijo el hombre- ya que no me das la respuesta tú mismo, revélame al menos algunos de los misterios divinos. Demuéstrame que verdaderamente eres lo que la gente piensa que eres”.

Bāyazid le replicó: “Aquel amigo mío te revelará todos los misterios que andas buscando. Todo lo que debes hacer es preguntarle, te lo prometo”.

El hombre se puso en camino pensando en su interior que, por elevada que fuera la santidad del ermitaño con el que se iba a encontrar, sería incapaz de responder a sus preguntas. Después de una larga búsqueda, encontró la cueva y sin dudarlo entró en ella. El interior de la cueva estaba oscuro, y el hombre al principio no veía nada, hasta que, poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo ver el interior de la cueva que parecía estar vacía. “¡Vaya!, todo esto era una broma de Bāyazid. El pobre no encontró otra manera para confesar su falsedad”, pensó el hombre. Se dio la vuelta para salir de la cueva, y se encontró de repente frente a un horrible y tenebroso dragón. Nada más ver a la bestia, el hombre sintió un espanto tan inmenso que ensució su ropa y, aterrado, huyó tan rápido de la cueva que perdió sus sandalias, abandonándolas en la cueva, y bajó toda la montaña descalzo.

El hombre fue directamente a casa de Bāyazid, y en ese lamentable estado se presentó ante el maestro.

Al ver al hombre, Bāyazid le dijo: “¡Por el amor de Dios! Si ni siquiera pudiste mantener tu cordura, ni buscar tus sandalias por el temor que sentiste al encontrarte con una de las criaturas de Dios, ¿cómo podías entonces esperar que fueran revelados a tu incredulidad los misterios divinos, frente a cuya majestuosidad se derrumban las montañas?”.

El hombre al escuchar al maestro, se echó a sus pies y le rogó que le perdonara.

Por favor, valore este contenido.

Excelente
Bueno
Regular
Malo

Layer 1 Layer 2 Layer 3 Layer 4 Layer 5 Layer 6 Layer 7 Layer 8 Layer 9 Layer 10 Layer 11 Layer 12