
Miniatura persa. Los amantes. 1575
Alba
bendita
Anoche, al alba, me libraron de toda mi tristeza.
En aquella tiniebla de la noche, el agua de la vida me brindaron.
Con el fulgor del rayo de la Esencia, me hicieron inconsciente de mí
mismo.
En la copa de la revelación de los Atributos, vino me
regalaron.
¡Alba bendita! ¡gloriosísima noche!,
noche sagrada del Poder en que este nuevo don me dieron.
¡No es extraño que vea colmado mi deseo, y que mi corazón sienta
deleite!
Yo era un menesteroso y todo ello como diezmo me dieron.
El heraldo del Invisible me anunció esta felicidad, aquel día en el
que,
para afrontar la tiranía y el desdén de la Amada, paciencia y fortaleza
me otorgaron.
De ahora, mi rostro está ante el espejo que desvela el fulgor de la
Belleza,
en él la epifanía de su Esencia contemplar me hicieron.
Esa miel, ese azúcar que destila mi boca sobreabundantemente,
es premio a mi paciencia, don que de aquella fuente dulcísima me
dieron.
¡Maravillosa alquimia es servir sin reserva al mago venerable!
Cuando ante él me convertí en polvo ¡cuántos, cuántos estados me
otorgaron!
Fue gracias al ardiente deseo de Hāfez y gracias al aliento de los
que están en vela,
como del lazo de la pena del mundo me libraron.
—Diwān
de Hāfez
***
Deseo de Ti
Esta noche,
este loco tiene deseo de Ti,
con este
corazón enloquecido por el amor, te añoro.
Ya no me
queda fuerza ni paciencia,
y mis ojos
esperan sólo la ayuda de tu aspiración.
Vuelves tu
rostro hacia los otros, y te muestras conmigo indiferente,
aunque yo
sólo pongo la mirada en tu esbelta figura.
Ajena a mí,
te contoneas, ebria,
como si no
supieras con qué ardor te deseo.
¡Oh Tú,
ebriedad de todo vino! ¡Causa de todo anhelo!
De tu vino
me nace esta embriaguez que enardece mi alma.
¡Oh Tú,
espíritu, cuyo aliento es aliento del Mesías! ¡Oh Tú, alquibla de Adán!
En la cruz
de tu cabellera mi corazón se encuentra maniatado.
Se fue la
noche y llega el alba, y yo estoy ebrio, y Tú estás lánguida del vino,
y,
enloquecido, permanezco con mis ojos perdidos en tu jarra.
En tu separación
me he derretido, ¡oh Tú, causa de todo desconsuelo!,
y con la
torrentera de mis lágrimas fluyendo voy hacia tu mar.
Perdónale a
Nurbakhsh, por tu amistad y tu benevolencia.
Esta noche,
este loco tiene deseo de Ti.
—Diwān de poesía sufí, Javad Nurbakhsh
***
Noche oscura
En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
—San Juan de la Cruz