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Revista Sufí / Número 8 Versión para imprimir

 

La noche iluminada

San Juan de la Cruz, Javad Nurbakhsh, Hāfez

Anoche, al alba, me libraron de toda mi tristeza

Miniatura persa. Los amantes. 1575

 

Alba bendita

 

Anoche, al alba, me libraron de toda mi tristeza.

En aquella tiniebla de la noche, el agua de la vida me brindaron.

 

Con el fulgor del rayo de la Esencia, me hicieron inconsciente de mí mismo.

En la copa de la revelación de los Atributos, vino me regalaron.

 

¡Alba bendita! ¡gloriosísima noche!,

noche sagrada del Poder en que este nuevo don me dieron.

 

¡No es extraño que vea colmado mi deseo, y que mi corazón sienta deleite!

Yo era un menesteroso y todo ello como diezmo me dieron.

 

El heraldo del Invisible me anunció esta felicidad, aquel día en el que,

para afrontar la tiranía y el desdén de la Amada, paciencia y fortaleza me otorgaron.

De ahora, mi rostro está ante el espejo que desvela el fulgor de la Belleza,

en él la epifanía de su Esencia contemplar me hicieron.

 

Esa miel, ese azúcar que destila mi boca sobreabundantemente,

es premio a mi paciencia, don que de aquella fuente dulcísima me dieron.

 

¡Maravillosa alquimia es servir sin reserva al mago venerable!

Cuando ante él me convertí en polvo ¡cuántos, cuántos estados me otorgaron!

 

Fue gracias al ardiente deseo de Hāfez y gracias al aliento de los que están en vela,

como del lazo de la pena del mundo me libraron.

 

—Diwān de Hāfez

 

 

***


Deseo de Ti

 

Esta noche, este loco tiene deseo de Ti,

con este corazón enloquecido por el amor, te añoro.

 

Ya no me queda fuerza ni paciencia,

y mis ojos esperan sólo la ayuda de tu aspiración.

 

Vuelves tu rostro hacia los otros, y te muestras conmigo indiferente,

aunque yo sólo pongo la mirada en tu esbelta figura.

 

Ajena a mí, te contoneas, ebria,

como si no supieras con qué ardor te deseo.

 

¡Oh Tú, ebriedad de todo vino! ¡Causa de todo anhelo!

De tu vino me nace esta embriaguez que enardece mi alma.

 

¡Oh Tú, espíritu, cuyo aliento es aliento del Mesías! ¡Oh Tú, alquibla de Adán!

En la cruz de tu cabellera mi corazón se encuentra maniatado.

 

Se fue la noche y llega el alba, y yo estoy ebrio, y Tú estás lánguida del vino,

y, enloquecido, permanezco con mis ojos perdidos en tu jarra.

 

En tu separación me he derretido, ¡oh Tú, causa de todo desconsuelo!,

y con la torrentera de mis lágrimas fluyendo voy hacia tu mar.

 

Perdónale a Nurbakhsh, por tu amistad y tu benevolencia.

Esta noche, este loco tiene deseo de Ti.

 

—Diwān de poesía sufí, Javad Nurbakhsh

 

 

***


Noche oscura

 

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

 

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

 

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

 

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

 

¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

 

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

 

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

 

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

 

—San Juan de la Cruz

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