
Anciano sufí en el mausoleo del santo sufí Mo`inuddin Ajmeri en India. Cortesía de Nacho Castellano
El recorrido interior y la conducta exterior (Seir wa soluk)
son dos principios que, aunque parezcan separados, están estrechamente unidos.
Seir es
la purificación interior del darwish a lo largo de las etapas de la perfección
espiritual, y se refiere a la relación directa del sufí con Dios. Cuanto más
persevere en Su constante recuerdo y más se olvide de sí mismo, mayor será su
progreso en este recorrido. En otras palabras, se trata de algo interior y
personal de cada individuo.
En cuanto al soluk, es un principio
fundamental y básico que hace referencia al conjunto de los sufíes. Se trata
del comportamiento social, el trato y la calidad de las relaciones del darwish
con la sociedad en la que vive y es, por ello, un punto muy importante al que
se debe prestar atención.
En general, quien recibe el nombre de
darwish, y al que la gente conoce como un sufí, debe ser, en sus actuaciones
sociales, ejemplo de hombre noble; pues, si tal persona, a quien la gente
asocia con los darwishes, en su conducta social y en sus relaciones con el
mundo que le rodea, comete actos censurables o actúa de forma inadecuada, será
en perjuicio del sufismo en general y de cada uno de los sufíes en particular.
Antiguamente, los maestros de la Senda,
para impartir sus enseñanzas e instruir a sus discípulos, solían acudir a
relatos y cuentos; en ocasiones, incluso, los ponían en boca de animales para
dar, de forma indirecta, un consejo a sus discípulos. Recordemos uno de estos
relatos, en relación con la conducta exterior de los sufíes:
Cuentan que una vez el maestro Abu Sa`id Aboljeir, acompañado por
un grupo de discípulos, pasaba por un callejón, cuando un perro mordió a uno de
los darwishes, lo que hizo que éste le golpeara con su bastón. El perro acudió
a la presencia del maestro y, contándole lo ocurrido, se quejó: « El darwish me
golpeó porque le mordí.” El maestro Abu Sa`id le dijo: «En reparación al daño
que él te hizo, puedes morderme a mí.” Pero el perro se escandalizó aun más y
replicó: «Yo me estoy quejando de otro asunto: él se había puesto la vestidura
de los darwishes y esto me hizo
equivocarme, pensando que era un verdadero darwish y que por mucho que le
mordiera, no me haría daño.”
Este relato ilustra la importancia del
comportamiento externo (soluk) de los darwishes y, al mismo
tiempo demuestra que el comportamiento exterior y el recorrido interior, aun
siendo dos aspectos diferentes del sufismo, son de hecho complementarios el uno
del otro, pues quien no posee una conducta digna de un sufí, seguramente no
podrá perfeccionarse interiormente y, quien ha logrado alcanzar este
perfeccionamiento de su estado interior, sin duda en sus relaciones con la
gente posee una conducta noble. Es por ello, por lo que los maestros de la
senda, mediante la observación de la conducta externa de sus discípulos,
deducen el estado interior y el progreso que han realizado en su viaje hacia
Dios.
En realidad, el seir y el soluk
son las dos alas del sufí en su vuelo hacia la perfección, un vuelo que no es
posible con una sola ala.